AutoSemanario


Historia del coche eléctrico


La actual crisis climática y los problemas de contaminación del aire en las grandes ciudades está generando un cambio de modelo energético, que implica también la descarbonización y electrificación de la industria de automoción. Tanto ciudadanos como gobiernos reclaman cada vez más poder desplazarse en vehículos impulsados con energías alternativas a la gasolina, como los híbridos o los eléctricos. Sin embargo, la tecnología que promete llevarnos al futuro tiene un pasado que se remonta al siglo XIX. Repasamos la historia de este viejo conocido que hoy regresa con más fuerza que nunca.

 

El primer coche eléctrico

La movilidad eléctrica representa sin duda la tecnología del futuro y, sin embargo, viene de lejos. Los primeros prototipos, atribuidos a inventores como el ingeniero húngaro Ányos Jedlik, el herrero americano Thomas Davenport o el profesor holandés Sibrandus Stratingh, se remontan a la primera mitad del siglo XIX. El primer coche eléctrico moderno, sin embargo, llegaría en los años treinta del siglo XIX de la mano del empresario y químico escocés Robert Anderson, que concibió un carruaje tradicional impulsado con celdas eléctricas en lugar de con caballos.

Cuatro décadas después, tras importantes avances en el desarrollo de la pila eléctrica, el ingeniero francés Gustave Trouvé presentó su invento en la Exposición Internacional de París de 1881: un vehículo eléctrico de tres ruedas. No tuvo mucho éxito, pero apenas unos meses más tarde, los ingenieros británicos William Ayrton y John Perry triunfaron con un modelo muy similar cuya réplica puede hoy visitarse en peculiar museo alemán Autovisión, situado cerca del conocido circuito de Hockenheim.

Las ideas entorno a la movilidad eléctrica siguieron evolucionando, y en 1899 el piloto de carreras belga Camille Jenatzy, que durante su vida rompió tres veces el récord de velocidad en tierra, sorprendió al mundo sobrepasando la entonces increíble velocidad de 100 km/h al volante de ‘La Jamis Contente’, un nuevo modelo eléctrico equipado con  las primeras baterías recargables.

Los años eléctricos

Los primeros años del siglo XX fueron la era dorada de los coches eléctricos. El punto de inflexión más importante fue la llegada de las baterías recargables de níquel hierro, fruto del ingenio de Thomas Edison. Este avance tecnológico permitió aumentar significativamente la autonomía de los vehículos eléctricos de la época, algunos de los cuales ya alcanzaban velocidades de más de 130 km/h.

Pero por entonces los coches eléctricos, como los de vapor, eran cosa de ricos. El resto de la población se desplazaba a pie o en carruajes tirados por caballos, aunque compartían las mismas carreteras. Con el cambio de siglo, sin embargo, llegaron también los coches de gasolina. Aunque ruidosos, contaminantes y difíciles de conducir (el sistema de cambio de marchas y de arranque con manivela requerían una cierta habilidad), esta nueva tecnología permitía recorrer distancias más largas. Los coches eléctricos quedaron pues relegados a los trayectos cortos y a menudo a las mujeres, para las que se consideraba que los vehículos de gasolina eran demasiado complicados.

La era del petróleo

En plena industrialización, el cambio de siglo vio nacer el motor naftero, un invento que ha marcado el desarrollo económico y social hasta la actualidad. La posterior caída del precio del petróleo y el comienzo de la fabricación en cadena facilitó la popularización de los automóviles modernos. Tener un coche ya no era un privilegio exclusivo de las élites.

Dada la complejidad de las redes eléctricas y la ausencia de las mismas en muchas zonas, la historia quiso aparcar la movilidad  eléctrica frente al potencial de los motores nafteros o diésel… hasta nuestros días. Hoy, la creciente preocupación por la sostenibilidad y la necesidad de evolucionar hacia una sociedad más respetuosa con el medio ambiente, han recuperado una vieja idea del pasado para impulsarnos hacia el futuro. Un futuro con el que Honda lleva muchas décadas comprometida, desarrollando nuevas tecnologías cada vez más eficientes y actualmente avanzando rápidamente hacia la electrificación de su gama.

Con la descarbonización del transporte, estamos viviendo una revolución casi tan importante como la invención misma del automóvil a finales del siglo XIX. O quizá hemos vuelto atrás para tomar un camino diferente. Aunque parezca que la tecnología de hoy no tiene nada que ver con la del pasado, seguramente sin el empeño de los ingenieros e inventores de hace dos siglos, hoy no contaríamos con modelos híbridos y eléctricos de última generación.

 



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