AutoSemanario


“Italparka”: Terror en el parque


Por Damián Cotarelo

 

A menudo y desde tiempos muy lejanos, los parques de diversiones han despertado un sentimiento de dualidad. Quizás, al igual que ocurre con los payasos, por un lado son adorados, por ser los artífices de regalar tantos momentos de felicidad, aunque, sin embargo, en ciertas ocasiones pueden convertirse en los responsables de generar mucho miedo y hasta horror. Debido a esto es que la cultura, ya sea a través de expresiones como el cine, la fotografía y la literatura, se ha encargado de expresarlo en miles de ocasiones.

¿Pero qué extraña causa del más allá es la que puede transformar a esos gigantescos espacios dueños de tanta alegría, en oscuros escenarios repletos de hierros retorcidos o abandonados e inspirador de las más tétricas situaciones? Sin cuestionárselo, pero aportando un eslabón literario más que va en esta dirección llega “Italparka”, una antología de textos breves de terror que hace temblar a los lectores, con un acento bien argento.

Con un título que alude al mítico centro de atracciones argentino, que cerrara sus puertas porteñas en 1990, tras un fatal accidente, el coral material emula a uno de esos álbumes compilatorios varios artistas son convocados con el fin de armar un álbum que intente dejar su huella.

Persiguiendo el fantástico objetivo de celebrar al cuento, un género que siempre resulta atrapante; un grupo de dieciséis escritores se animan a relatar una serie de horrendas historias que presentan como común denominador una ambientación llena de autos chocadores, vueltas al mundo, montañas rusas, sombrillas voladoras, trenes fantasmas, sambas bamboleantes y calesitas mágicas, entre muchas otras atracciones.

Llenos de sangre, oscuridad y muerte, y dueños de un excelente nivel narrativo, los trabajos incluidos en este libro que ya alcanza su tercera edición independiente surgieron de un concurso que Santa Guadaña, la joven y especializada casa editorial que lo lanza, llevó a cabo durante el año pasado.

Luego de unas palabras introductorias de Gonzalo Ventura (uno de los fundadores), donde decididamente homenajea al Itaklpark y comparte muchas de sus propias experiencias allí (“No encuentro la forma de pensar en él sin pensar también en los Titanes en el Ring, Batman, las películas de la Hammer,  Viaje a lo Inesperado, las Nippur Magnun, Olmedo y Porcel, los Iron Maiden, Ramones y Kiss (sobre todo después de Kiss contra los fantasmas). Es una cosa que viene toda junta.”); la acción se inicia tan nostálgica como impactante. Y es el propio Ventura, quien acompañando a Alberto Fasce en “La última ficha”, le pone voz a una misteriosa vieja dueña de una antigua ficha del desaparecido parque ubicado en Av. Del Libertador y Callao, que recrea la leyenda que dice que si -cospel en mano- alguien se para de noche frente a la que era su entrada, ve de golpe manifestarse una vez más con todos sus juegos. Y así, el mito urbano respecto de las fichas azules, naranjas o violetas, recogido en 2008 por Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, para su “Buenos Aires es leyenda 3” (Planeta), resulta la combinación perfecta entre misterio y el recuerdo de inolvidables juegos como El Pulpo, El Cohete, Locura de Tazas, La Súper 8 Volante, El Matterhorn, o Bonanza (aquel juego donde se debía apuntar fino y hacer blanco en un ruidoso pajarraco, un mono enloquecido, un sapo que croaba, y un pianista de espaldas que tocaba una melodía de salón cuando era alcanzado por un proyectil de rifle).

Sin embargo, y a pesar de contar con algún relato más acerca del Italpark, como “Planeta Tiomuerto”, donde el uruguayense Marcos Noero ofrece el desesperante viaje que un padre debe realizar, en busca de su esposa y su hija, y esquivando una extraña nieve mortal; el texto no se vuelve repetitivo. Y en otros cuentos abraza desde escenografías reales como la del Parque de la Costa (“Malva y Panda”, de Santiago Cortasa), hasta otras de fantasía como la que Diego Arandojo construye en el “Parque Ecoul” (“No está”); o el licenciado en Comunicación Social y docente, Martín Etchandy, que describe el horror que escondía la calesita de su “Baby Park Multicolor” (“Hay olor otra vez, Rubén”).

Totalizando quince relatos de tipo corto, el volumen se completa con otros muy buenos como “In Crescendo”, creado por la sanfrancisqueña (Cba) Carolina Panero, y en el cual un recital de cyberpunk experimental se transforma en un ritual sangriento y macabro; o el sofisticado “La mano del muerto”, donde Martín Blanco -su autor y cofundador de la editorial,- narra espeluznantes crímenes y expresa la psicodelia desatada en los corredores de un Laberinto de espejos.

Dedicada exclusivamente a la sangre, el terror, el suspenso y la ciencia ficción, entre el catálogo de la novata e independiente Santa Guadaña Ediciones (fue fundada en 2016), figuran recientes y destacados textos como “Dos calaveras”, una original reunión de salvajes poemas influenciados por el cine, los cómics, la música punk y heavy, las artes marciales y la noche porteña. O la antología “Carnaval de sangre”, y la talantosa y misteriosa novela “3 días”, novela “3 días”, donde a raíz de un accidente automovilístico protagonizado por Cecilia y su hijo Martín, el chico desaparece convirtiendo su búsqueda en un confuso caso lleno de ingredientes negros.

 

 

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