AutoSemanario


Apple y Google, el duelo de dos enormes creativos tecnológicos


Por Damián Cotarelo

 

En tiempos en que la tecnología avanza a pasos agigantados, Fred Vogelstein (click foto 2), uno de los editores del magazine Wired, de San Francisco, EE.UU., presenta su interesante libro “Guerra de titanes. Apple vs Google”.

La bajada del título expresa “la rivalidad que inició una revolución”, y es allí justamente donde el estadounidense se ancla para desarrollar toda la obra. Relatan cómo ambas compañías intentaron facilitar el acceso a los teléfonos inteligentes atacando el problema desde ángulos distintos y las llevó de una amistad empresarial y personal entre sus fundadores y directivos a una tremenda rivalidad entre ambas marcas que, incluso, llegó a los tribunales. Ambas compañías han estado envueltas en una guerra internacional de patentes desde 2010, con Apple intentando limitar el crecimiento del sistema Android de Google.

El ensayo es muy didáctico, relata los orígenes y pasajes poco conocidos de los proyectos iPhone y Android, y ensaya un esbozo final de cuál es el verdadero objetivo de ambas compañías en el presente y futuro.

Pero el texto, que se puede leer perfectamente como una novela de intriga, no solo se queda en esa pelea, sino también que explora el auge de los smartphones y las tablets, aparatos que han revolucionado la industria informática de la mano de sus padres: Steve Jobs (Apple) y Andy Rubin (Android Inc., luego adquirida por Google).

La obra destaca los aciertos de los nuevos amigos que hoy son tan comunes para nosotros, aunque también descubre sus errores o historias ocultas. Vogelstein, reveló que la presentación del iPhone fue calculada al detalle pero para mostrar solo aquello que funcionaba… "Podía reproducir una parte de una canción o un video, pero no reproducirlos enteros sin dar un error. Funcionaba bien si enviabas un email y luego navegabas por la Red. Si lo hacías al revés, tal vez no. Horas de prueba y error habían ayudado al equipo del iPhone a crear lo que ellos llamaban 'el camino de oro', un conjunto específico de funciones, probadas de una cierta manera y orden que hacía parecer que el iPhone funcionaba", señaló el periodista tecnológico, y completo diciendo que “para prevenir los errores de memoria, Steve jobs tenía también varios prototipos del iPhone, que iba cambiando a medida que se presentaban errores”.

Este texto de 250 páginas llega a Argentina de la mano de Indicios (del grupo Urano), un excelente sello que nació libre de limitaciones temáticas o conceptuales, en el que se publican libros de interés general sobre temas variados.

Un libro recomendable para todos los que gusten de la tecnología, aunque también para los amantes del mundo empresarial y fundamentalmente de la creatividad.

 

Aquí, Autosemanario les ofrece un extracto del libro, en este caso vinculado al auge del sistema Android.

 

Android por todas partes

En 2010, Apple y Google se enfrentaban en todos los foros posibles: en los tribunales, en los medios de comunicación y en el mercado. El aumento de popularidad de Android fue sorprendente, y Rubin, Schmidt y el resto del equipo de Google se frotaban las manos. En cada una de las ocasiones que se les presentaron en 2010, se explayaron detallando cómo se acumulaban las activaciones de Android y cómo los teléfonos móviles iban a cambiar el futuro de Google y del mundo. En una entrevista para el New York Times en abril de 2010, Rubin llegó a predecir que Android reinaría en todo el universo de los móviles. El año anterior su preocupación había sido que Google abandonara Android y que su equipo tuviera que buscar trabajo. Ahora, en cambio, proclamaba confiado: «[Android] es una cuestión de cifras. Con tantos fabricantes de equipos originales (OEM’s en inglés) construyendo múltiples productos en múltiples categorías, sólo es cuestión de tiempo» que Android supere a otras plataformas de teléfonos inteligentes como iPhone o BlackBerry.

Parecía que poco más importara en lo que se refería a Google. Eso no era del todo cierto pero tampoco era una exageración. Android inició el año 2010 con 7 millones de usuarios. Al terminar ese año había crecido hasta los 67 millones, y cada día se añadían trescientos mil clientes nuevos. Android aún no era rentable, pero se aproximaba rápidamente a ello. Y, más importante todavía, se incrementaban los ingresos y beneficios de otras aplicaciones de Google como el buscador y YouTube, logrando que cada vez más gente diera de alta cuentas en Google y la empresa obtuviera así los datos de sus tarjetas de crédito. Cuanta más gente usaba Android, más búsquedas hacía con Google y en más anuncios hacía clic.

Google todavía conseguía la mayor parte de sus beneficios de las búsquedas en ordenadores de sobremesa y portátiles. Pero todos los altos directivos de la empresa sabían que ésa no sería la fuente de ingresos dominante para siempre. Pronto empezaría a disminuir la gente que adquiría ese tipo de dispositivo, y cada vez más personas comprarían teléfonos inteligentes y otros aparatos móviles con conexión a Internet. El crecimiento y los beneficios de Google tras esas cifras eran sorprendentes. Cada anuncio en un teléfono móvil era más barato que uno en un ordenador de sobremesa, pero su audiencia y los ingresos potenciales asociados eran enormes. Las ventas de teléfonos móviles quintuplican cada año las de ordenadores de sobremesa: 1.800 millones frente a 400 millones. Google acababa de desembarcar en ese mercado.

Gracias a Android, la audiencia potencial de los anuncios y aplicaciones de Google se quintuplicó.

Todo había funcionado aproximadamente como Rubin creyó que lo haría: los fabricantes y operadores querían competir con el iPhone, y el éxito de Rubin con el Droid los convenció de que Android era su mejor opción para hacerlo. Rubin aprovechó esta oportunidad presionando a sus ingenieros para que terminaran tres importantes actualizaciones del software de Android en 2010, a un ritmo frenético. A finales de 2010, Android no contaba únicamente con grandes éxitos como el Droid, sino con muchos otros, como el Evo 4G de HTC y el Samsung Galaxy S. Globalmente, a finales de 2010 existían casi doscientos modelos de teléfonos Android disponibles en cincuenta países, y tanto fabricantes como operadores esperaban turno para invertir en ellos sus multimillonarios presupuestos de marketing. Una encuesta electrónica entre la audiencia de una conferencia tecnológica organizada por la revista Fortune en julio de 2010 preguntaba: «¿Quién dominará el mercado de los teléfonos móviles inteligentes en cinco años?» El veredicto fue claro: un 57 % respondió Android; un 37 %, iPhone.

A principios de 2011, Schmidt estaba maravillado, no únicamente por cómo los teléfonos inteligentes habían modificado su tecnología, sino por cómo se habían convertido en uno de los mayores avances de la civilización. En un discurso en Alemania, afirmó: Disponemos de un producto que te permite hablar con tu teléfono en inglés y hacer que salga del aparato lo que has dicho en la lengua materna de la persona con la que estás hablando. Para mí eso es ciencia ficción. Imagínense un futuro cercano en el que nunca olvidemos nada. Los ordenadores de bolsillo, con nuestro permiso, lo recuerdan todo: dónde hemos estado, qué hemos hecho, a quién hemos fotografiado. A mí me gustaba perderme, deambular sin saber dónde estaba. Uno ya no puede perderse. Conocemos nuestra posición exacta, y, por cierto, también la conocen nuestros amigos si les damos permiso. Cuando viajamos nunca estamos solos. Ahora nuestros amigos viajan con nosotros. Siempre hay alguien con quien hablar o a quien enviar una foto. Imposible aburrirse. Nunca nos quedamos sin ideas porque tenemos toda la información del mundo en la punta de los dedos. Y eso no ocurre únicamente con las élites. Históricamente, ese tipo de tecnología sólo estaba al alcance de los privilegiados y no de la gente normal. Si existía un efecto cascada, necesitaba toda una generación para cuajar. Pero esta vez la visión es accesible a todas las personas del planeta. Va a ser emocionante ver lo inteligentes y capaces que son esas personas que hasta ahora no tenían acceso a nuestro nivel de vida, nuestras universidades, nuestra cultura. Cuando lleguen, nos van a enseñar cosas. Y están llegando. Hay casi 1.000 millones de teléfonos inteligentes en el mundo, y en los mercados emergentes la tasa de crecimiento del producto es mucho mayor que en cualquier otra parte. Estoy entusiasmado con ello.

El sector de las telecomunicaciones había estado muy preocupado por la posibilidad de que Rubin, como hizo Bill Gates en los años noventa con Microsoft Windows, tratara de marginar a los fabricantes de pc. Pero Rubin había insistido en que ése no era su plan, y parecía que se atenía a su palabra. Rubin permitió a cada operador y fabricante añadir sus propias aplicaciones al sistema Android para diferenciarse los unos de los otros. Y dio a los operadores el 30 % de los ingresos de la tienda de aplicaciones, que en cambio Apple se reservaba para sí misma.

En un negocio tan rígido como el de la telefonía móvil, la estrategia de Rubin resultaba realmente innovadora. Y lo era: crear tanta competencia entre operadores y fabricantes como fuera posible. Luchando por competir contra el iPhone, también competían entre ellos. Con anterioridad, los fabricantes diseñaban teléfonos que gustaran a los operadores más que a los consumidores, porque, al menos en el caso de Estados Unidos, dependían de las subvenciones de los primeros y de su apoyo en el área de marketing para vender sus teléfonos. Pero quedó claro que, para competir con el iPhone, tendrían que abandonar sus viejas costumbres. Verizon y Motorola aprendieron la lección con el Droid. Ahora lo esencial era hacer teléfonos que los consumidores quisieran comprar.

Operadores y fabricantes no hablaban demasiado de ello, pero sus acciones los delataban. HTC adquirió una empresa de diseño, One & Co, para que colaborara en la fabricación de teléfonos más atractivos. La importancia que dan al diseño en Samsung se parece tanto a la de Apple que se convirtió en el centro permanente de sus demandas judiciales sobre patentes. Los operadores empezaron a escuchar las quejas de los consumidores. En otoño de 2010, Vodafone trató de imponer muchas de sus propias aplicaciones a los consumidores de algunos teléfonos inteligentes HTC Android. Cuando éstos se dieron cuenta de que no podían eliminarlas, la reacción fue tal que en una semana Vodafone había dado marcha atrás. Lanzó una actualización de software que eliminaba las aplicaciones y devolvía los teléfonos a su estado original. Cuando Rubin me explica esto en la sala de conferencias situada en el vestíbulo de su despacho, parece un hombre que ha estado meditando sobre esta evolución durante largo tiempo.

Lo que desapareció en 2008 [y obligó al sector a reflexionar] fue el concepto de coto privado; desapareció por completo. Y [a pesar de lo que muchos dicen] no fue culpa del iPhone. Fue a causa de Internet. La aplicación asesina* que los consumidores deseaban era disponer de Internet allá donde estvieran. Hubiera sido poco inteligente [por parte de operadores y fabricantes] competir con Internet. ¿Cómo hacer algo así? Android permitió a ambos sacar ventaja de Internet de forma controlada. Nuestro argumento fue: «Ustedes tienen costes. Entendemos de qué costes se trata. Quieren diferenciarse y no desean que su producto se convierta en una mercancía más. Por eso vamos a darles esto y eso y aquello: la clave para resolver la ecuación».

En cristiano: ninguno de nosotros puede vencer a Apple por su cuenta. Pero, si trabajamos juntos, cada uno centrado en aquello en lo que realmente destaca, no sólo podemos vencer a Apple, sino que fortaleceremos nuestras empresas, haciéndolas más rentables que antes.

 

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