AutoSemanario


Beatles vs Rolling, la mítica y eterna disputa del rock


Por Damián Cotarelo

 

River o Boca. Ford o Chevrolet. Soda Stereo o Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Peronista o radical. Troilo o Piazzolla. En nuestro país especialmente la constante elección y la ubicación a un lado u otro están a la orden del día. Siempre dividiendo opiniones, desatando pasiones y creando en muchos casos un frente a frente clásico, duro e histórico.

En este contexto llega a nuestro país un muy interesante libro que, yendo en esta dirección tan favorita por nuestra sociedad, analiza la universal rivalidad de “Los Beatles vs. Los Rolling Stones”, dos de las bandas más influyentes desde el nacimiento del rock (click foto 2).

Su escritura en este caso no está a cargo de un argentino, sino de John McMillian (click foto 3), profesor de historia de la Universidad de Georgia, quien basado en documentos, bibliografía y testimonios varios se embarcó en la tarea de comprobar si realmente existió o no esa hostilidad de la que, a lo largo de los años, tanto se habló y se continúa hablando.

A través del trabajo publicado por Indicios, el estadounidense desarrolla una teoría que demuestra, en primer lugar, que sí hubo una buena sintonía entre “Los cuatro fabulosos” y “Sus satánicas majestades”. De hecho, se exhibe que los de Liverpool ayudaron en diversas ocasiones a los londinenses, como la ocasión en que John Lennon y Paul McCartney les regalaron una canción, “I Wanna Be Your Man” (grabada en 1964), en un momento en que se encontraban atascados. O cuando George Harrison aconsejó a Dick Rowe, el jefe de la División Música Popular del sello Decca y eternamente acusado de haber rechazado a los Beatles en una audición, que ficharan a los Stones. Otra cortesía que existía eran  las conversaciones que ambas formaciones mantenían con el objetivo de ponerse de acuerdo para que no coincidieran los lanzamientos de sus discos.

Aunque no todo fue un camino de sonrisas y palmadas, ya que también el volumen de casi 300 páginas profundiza en sus diferencias o momentos de enfrenamiento. Y recuerda, por ejemplo, cuando en 1969 el líder de la banda que había registrado su primer disco seis años antes (titulado “The Rolling Stones”) declaró ácidamente: “No me gusta demasiado lo que han hecho los Beatles”, y completaba opinando que el Álbum Blanco era “vulgar”. En tanto, a finales de 1980 Lennon le concedió una entrevista a Playboy, donde ridiculizaba la idea de que un hombre adulto quisiera seguir tocando en un grupo de rock and roll: “Están felicitando a los Stones por llevar ciento doce años juntos ¡Viva! Por lo menos Bill y Charlie todavía conservan a sus familias. En los ochenta, la gente se preguntará: ´¿Por qué siguen juntos estos tíos? ¿Es que no pueden valérselas solitos?´, para continuar, refiriéndose a Mick ´Enseñarán fotos del tío con los labios pintados meneando el culo y los cuatro tíos con maquillaje negro de malote intentando parecer obscenos. Van a ser el chiste del futuro... Está bien cuando tienes dieciséis, diecisiete, dieciocho, eso de tener compañeros masculinos e ídolos, ¿vale? Pero si no paras y sigues haciéndolo cuando tienes cuarenta años, quiere decir que mentalmente todavía tienes dieciséis´”, se relata.

Pese a algunos cruces como éstos (que de parte de los protagonistas nunca fueron una constante pero resulta absurdos ocultarlos), en “la búsqueda de responsables” McMillian no los coloca en el primer lugar y sí lo hace definitivamente con el periodismo y sus respectivos seguidores. Según su óptica estos fueron factores determinantes y creadores de la rivalidad que tuvo su inicio en la década del sesenta, cuando competían en venta de discos, influencia musical y credibilidad estética. “Los adolescentes de ambos lados del Atlántico se autodefinían declarándose partidarios de unos u otros”, señala y asegura que al principio -y lógicamente- esto tomó más fuerza en Inglaterra, lugar de donde surgieron las dos agrupaciones.

Cuenta el autor que los siempre correctos Paul, John, George y Ringo Starr “eran un tónico maravillosos para una sociedad que por fin parecía dispuesta a descartar los últimos vestigios represivos de la era victoriana”, mientras que escuchar a Mick Jagger, Keith Richards, Bill Wyman, Brian Jones y Charlie Watts producían una reacción distinta. “Pálidos y desalineados, se negaban a llevar uniformes en el escenario, y las buenas maneras no eran su fuerte”, describe sobre este grupo que era considerado por los adultos de aquella época como una verdadera “amenaza”.

Por momentos la obra se torna realista y, aun manteniendo el hilo conductivo y comercial del texto, el autor no deja de reconocer que los responsables de canciones inolvidables como “Yesterday”, “Let It Be” o “She Loves You” “tenían más éxito comercial”, o que hubo un periodos durante el que los creadores de éxitos inoxidables como de “Satisfaction”, “Paint It Black” o “Angie”  “parecía que no pudieran hacer mal”. “Tuvieron una fase de cinco años, entre 1968 y 1972, durante la cual lograron despachar cuatro de los álbumes más perdurables y potentes de la historia del rock: “Beggars Banquet”, “Let It Bleed”, “Sticky Fingers” y el doblé elepé “Exile On Main”, recuerda el escritor.

Pese a que el historiador norteamericano afirma que su intención “no es en ningún caso emitir un fallo definitivo”, en un fragmento del texto ensaya la siguiente conclusión diciendo: “A veces se ha dicho que la `rivalidad´ entre Los Beatles y Los Stones no fue más que un mito, un invento de periodistas sensacionalistas y adolescentes ingenuos. En realidad, nos cuentan, los dos grupos siempre fueron amigos, se admiraban mutuamente, se ayudaban y se apoyaban. Sin embargo, es dudoso que la relación entre ambos fuera nunca tan cómoda y sencilla. Está claro que los dos grupos forjaron una relación, pero eso nunca les impidió intentar superarse el uno al otro en todos los momentos y en todos los sentidos”.

 

Es que quizás, y paradójicamente, la verdad sobre esta disputa no tenga una respuesta que implique un blanco o un negro, un sí o un no. Por allí esto más bien pueda hallarse, con un pícaro acento argentino, en las aguas inconclusas del “algo hubo”…

 

Aquí, en exclusiva, Autosemanario les ofrece un extracto del volumen vinculado a la noche en que, en el marco del concierto de los ganadores de las votaciones anuales del NME, ambos compartieron el cartel.

 

(…) Hubo dos épocas concretas en que los dos grupos alternaron con mayor frecuencia. La primera fue a principios de 1963, poco después de conocerse, cuando los Beatles todavía estaban tomando contacto con Londres y los Stones acababan de iniciar su carrera profesional. El segundo periodo empezó después de que los Beatles dejaran de hacer giras en 1966, y se alargó hasta finales de 1967, cuando el Swinging London iba ya de capa caída. “Fue una época genial -comentaría Lennon-. Por entonces éramos como los reyes de la jungla, y estábamos muy unidos a los Stones”. Recorrían la ciudad tras las ventanillas ahumadas de las limusinas o languidecían en la lujosa oscuridad de clubs como el Ad Lib, el Scotch of St. James o el Bag o’Nails. “Estábamos en la cima de nuestras carreras -recuerda McCartney-. Éramos jóvenes, teníamos buen aspecto, fama y poder, y así era muy difícil resistirse a seguir el juego”.

Además, los Beatles y los Stones intentaron desmentir varias veces las noticias de los tabloides sobre su supuesta rivalidad. Una noche de 1965, por ejemplo, Chrissie Shrimpton tuvo un altercado con unas adolescentes que acampaban delante de la casa de Ringo Starr en Bryanston Mews East, a la vuelta de la esquina del piso de Mick. “Chrissie estaba despotricando de los Beatles, y yo no consiento que nadie me venga con esas”, declaró una chica de quince años. Jagger reconocía que había terminado dando una patada en el culo de la chica estúpida (pero llevaba zapatillas de tenis, por lo cual “no le hizo demasiado daño”).405 En cambio, Jagger negó que el incidente tuviera nada que ver con los Beatles. “Estaba acosando a mi chica y usando un lenguaje muy feo -dijo-. No eran fans de los Beatles. Algunos periódicos siguen intentando alentar una guerra Stones contra Beatles que simplemente no existe”.

Posteriormente, ambos grupos se negaron a opinar ante la prensa sobre la tremenda pelea que tuvo lugar entre sus mánager, Epstein y Oldham, durante el concierto de los ganadores de las votaciones anuales del NME, celebrado en el Empire Pool (actualmente Wembley Arena) en la primavera de 1966. NME lo había anunciado como “el cartel del siglo”, porque presentaba a los Beatles y a los Stones en el mismo concierto, junto a los Who, los Yardbirds, los Small Faces, Roy Orbison y un puñado de artistas de segundo rango, haciendo unas breves actuaciones ante un público privilegiado de unas diez mil personas.

Todo el mundo esperaba que los Beatles cerraran el concierto, pero eso planteaba un problema. Si los Beatles eran los últimos en actuar, era probable que la masa de fans se viera tentada a correr hacia la salida del backstage cuando el grupo estuviera a punto de terminar, en cuyo caso los músicos quedarían atrapados en el recinto. Era una situación que la organización quería evitar a toda costa. Derek Johnson, un redactor veterano del NME, recuerda que aproximadamente una semana antes del concierto, un vagabundo de aspecto desaliñado entró tambaleándose en su despacho. Era Lennon disfrazado, ansioso por hablar de la inminente actuación. Al parecer, los dos llegaron a un acuerdo que no tenía demasiada lógica: los Beatles no serían los cabezas de cartel del concierto de los ganadores de las votaciones.

Sin embargo, más o menos al mismo tiempo, el fundador del NME, Maurice Kinn recibió una llamada telefónica inesperada de Andrew Oldham. Los Stones habían rechazado anteriormente la invitación para tocar, pero ahora Oldham afirmaba que estaban dispuestos a hacerlo. Ni siquiera querían cobrar. Oldham solo exigía una estipulación en nombre de su grupo: los Stones no tocarían inmediatamente antes de los Beatles. Eso no quedaría bien. No querían cimentar su estatus como segundo grupo más importante de Inglaterra, ni tampoco dar la sensación a sus fans de que eran los simples teloneros de los Cuatro Fabulosos. El señor Kinn aceptó gustosamente el requisito, y puso por escrito el compromiso. (En ese momento, es probable que no estuviera enterado del acuerdo que habían alcanzado Lennon y Johnson.)

El concierto se celebró el 1 de mayo, y cuando los Stones salieron al escenario, el público enloqueció. Tocaron “The Last Time”, “Play With Fire” y “Satisfaction”. Los gritos de los asistentes “atronaron” durante la breve actuación, cuenta un periodista, haciéndose “cada vez más y más fuertes hasta que de pronto todo hubo terminado”.

Según el programa, cuando los Stones acabaran de tocar, NME entregaría los premios a todos los grupos, y entonces los Beatles tocarían cuatro canciones. Sin embargo, cuando los Stones iban por la mitad del repertorio, los Beatles se presentaron en la parte trasera del escenario, con las guitarras en las manos, y Lennon anunció que iban a salir a continuación.

“Le dije a Lennon: “John, llegáis demasiado pronto” -recuerda Kinn-. Los Stones tienen diez minutos más, luego toca la entrega de premios. Idos, no tenéis que actuar hasta dentro de treinta minutos”. Pero Lennon insistió en que los Beatles tocarían inmediatamente. “Le dije que no podían y John gritó: “¡¿No me has oído? Vamos a salir ahora o no vamos a tocar!”.

Epstein y Kinn hicieron un aparte y se plantearon frenéticamente el uno al otro los respectivos dilemas. Epstein afirmaba que no podía hacer nada: Lennon insistía en que los Beatles tocaran inmediatamente después de los Stones, y era definitivo. Los Beatles tocarían a continuación o no tocarían. Kinn respondió que, además de haber dado su palabra de honor a Oldham, estaba legalmente comprometido a no dejar que los Beatles ocuparan el escenario justo después de los Stones.

 

“Reuní todo el valor necesario —recuerda Kinn—, y le dije a Brian:

´Deja que te explique mi posición. Los Beatles no van a salir a

continuación. Voy a decirle a Jimmy Saville [el presentador] que

diga al público que los Beatles están aquí pero que se niegan a

actuar. Habrá disturbios, la gente destrozará el recinto, y no solamente

serás tú, Brian, el responsable de los miles de libras en concepto

de daños, sino que el NME te va a interponer una demanda

por el daño irreparable que has hecho a la reputación de mi periódico”.

Epstein se puso a vociferar: “No volveremos a tocar aquí

mientras vivamos. No nos puedes hacer esto”. Yo dije: “Me da igual

si sois el Rey y Jesucristo juntos. No puedo cambiarlo. Se lo prometí

a Andrew por escrito. Punto y final´.

 

Según Kinn, cuando Epstein informó de la situación a Lennon, “¡John explotó! Me insultó como nunca he oído insultar a nadie en toda mi vida. Se le oía por toda la zona de backstage. Me dijo: “No volveremos a tocar nunca más para vosotros”.

Y no lo hicieron. Los Beatles tocaron apenas cuatro canciones (“I Feel Fine”, “Nowhere Man”, “If I Needed Someone” y “I’m Down”), y esta resultó ser la última actuación convencional de los Beatles en el Reino Unido. (El simbólico caché fue de 70 libras.) Es interesante constatar que el contratiempo se mantuviera tanto tiempo en secreto. Aunque a los tabloides les hubiera encantado la historia, esta no se hizo pública hasta muchos años después.

Aun así, los dos grupos no siempre podían impedir que la prensa alimentara las historias sobre la mutua rivalidad. Un día de abril de 1966 en que los Beatles estaban trabajando duramente, enviaron a su amigo y road manager Mal Evans a conseguir una copia del recientemente publicado Aftermath. Aquel mismo día, un fotógrafo hizo una foto de John y George en el estudio. Ambos llevaban auriculares y gafas de sol, y sostenían discos de los Stones. George escondía la cara detrás del sencillo de los Stones “19th Nervous Breakdown”, mientras John posaba sujetando el Aftermath delante del pecho y sonriendo de modo inescrutable. Es probable que lo hicieran simplemente como un gesto de apoyo, como diciendo: «Son amigos nuestros, escuchadlos». Pero cuando la foto se publicó en la revista 16, la nota de pie de foto que la acompañaba tenía un tono sarcástico: “Un momento, Paulie, a George y a mí se nos acaban de ocurrir un par de ideas muy originales”.

Los Beatles no habían escrito el pie de foto, por descontado. Aun así, si los Stones llegaron a verla, debieron de preguntarse si se estaban burlando de ellos por su supuesta falta de originalidad en comparación con los Beatles.

 

 

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