AutoSemanario


Clara Billoch extiende sus guías y muestra cómo combinar "Frutales y cocina"


Por Damián Cotarelo

 

Un nuevo y completísimo manual titulado “Frutales y cocina”, escrito por la Técnica en Floricultura y Jardinería de la Facultad de Agronomía de Bueno Aires (FAUBA), Clara Billoch, llega para adentrase en este interesante mundo que combina toda la grandeza de la naturaleza con los máximos sabores llevados a la mesa diaria.

A cargo del prólogo y adelantando de qué se trata el ejemplar, el reconocido chef italiano, Donato de Santis, reflexiona: “Somos  seres que necesitamos alimentos para vivir, y cuanto más variados y nutritivos sean esos alimentos, mejor será nuestra vida. Es así de sencillo, aunque a veces lo olvidemos”; al tiempo que sostiene que éste se trata de “un libro que nos recuerda de dónde provienen los frutos que comemos y cómo hacemos para obtenerlos, nos invita a cultivar nuestros propios alimentos y nos estimula a cocinar cada vez mejor”.

Por su parte, la también paisajista nacida en Buenos Aires aprovecha su introducción para, desde el arranque, entusiasmar y derribar mitos afirmando que “cultivar árboles frutales no solo es posible sino también muy fácil; y en cuanto a la creencia de que tardan mucho en dar frutos desde que son plantados, eso se aplica solo a unos pocos casos, como el palto o el avellano. Muchos de ellos comenzarán a fructificar a partir del segundo año de plantados, momento a partir del cual disfrutaremos de un camino de alegrías y cosechas plenas”.

Dividido en cuatro grandes tramos, el comienzo se presenta bien teórico y es donde la docente de diferentes talleres y cursos brinda las respuestas a preguntas tales como: ¿dónde puede cultivarse?, ¿cuánto espacio demandan? o ¿cuál es la manera de propagarlos? (en su mayoría se hace mediante injertos, explica).

Todo el profesionalismo y la experiencia que posee la autora se aprecia a lo largo del material, y esto se nota especialmente cuando, por ejemplo, explica pormenorizadamente todo el proceso de compra, plantación y cuidado, abriendo a su vez diferentes subtemas como el que detalla los diferentes tipos de poda y las herramientas necesarias para llevar la tarea a cabo.

Asegurando que para practicar la actividad no es excluyente contar con un extenso parque o jardín, el paso a paso de cómo lograr resultados en simples macetas resulta muy interesante y popularmente poco difundido. “El requerimiento será que cuenten con varias horas de sol, ya que la mayoría de las plantas lo necesitan para florecer y que maduren bien sus frutos. Por lo tanto, en un balcón o en un patio soleado podemos plantar determinados frutales”, se cuenta, para concluir diciendo que al buen tamaño de maceta (al menos 50 de diámetro x 50 de profundidad) hay que sumarle un sustrato conformado básicamente por compost, turba y humus de lombriz.

Billoch utiliza un lenguaje muy claro y directo en su obra, quedando esto demostrado en pasajes como el que tiene que ver con el momento de elegir el sitio para dar el ansiado nacimiento: “La elección del lugar responderá, en primer lugar, al tamaño que desarrollará en el futuro y el tipo de crecimiento que tiene cada planta. No es lo mismo plantar un naranjo que un palto o que un nogal por lo que es muy importante estudiar su dimensión real antes de decidir dónde plantarlo. A la hora de definir su ubicación, otros aspectos que deben considerarse son el aspecto de la planta todo el año, si es caduca o no, o si tiene flores vistosas o perfumadas. En cuanto a la exposición, por lo general, los árboles y las plantas que dan fruta lo harán mejor a plano sol que en la sombra”, advierte.

De suma utilidad resulta el apartado 10 consejos para obtener lo mejor de un frutal, que funciona como un excelente y simplificado resumen de los secretos a tener en cuenta al iniciar y promediar la actividad.

La parte más extensa del trabajo está lógicamente dedicada a profundizar en los diferentes árboles con los que se puede trabajar. Y para ello, la ex colaboradora de la revista Jardín decidió organizarla en dos grandes estaciones: la fría y la cálida. En la primera, que engloba otoño e invierno, se describen las principales características (altura, suelo, flor, follaje, crecimiento, etc.), además de las recomendaciones de cuidado y cosecha del limonero, mandarino, quinoto, naranjo, pomelo, caqui, granada, níspero, entre otros. Además, se incluye un grupo de plantaciones que entregarán paltas, aceitunas y deliciosas frutas secas como avellanas, almendras y nueces.

Editado por Catapulta, conteniendo un excelente papel ilustración y fotografías de Ángela Copello, todo este largo segmento está acompañado por un puñado de recetas muy rápidas y fáciles, que dan ideas para poder utilizar los productos recién cosechados, bien frescos, y extrayendo su mayor cantidad de sabores y vitaminas. Como en su anterior trabajo, Billoch repite la fórmula que le entrega la autoría de las preparaciones a su madre y un grupo de numerosos amigos que colaboraron en las explicaciones de platos que van desde Tarteletas rústicas de ciruela con frangipane, Salsa de cerezas para pollo o cerdo y Torta de manzanas asadas y crema de queso, hasta Bomba de castañas, Crumble de peras y frambuesa y Langostinos con salsa de naranja y miel.

En tanto en el segundo grupo de árboles, que abarcan primavera y verano, llegan el arándano, el ciruelo, el damasco, el duraznero, el peral, la morera o la higuera, entre otros.

Con cuidadas imágenes que facilitan y refuerzan sus dichos, la responsable de títulos como “La huerta fácil”, “150 plantas fáciles” y “Un año en el jardín” dedica el final a enumerar las posibles y naturales complicaciones de los frutales diciendo que con los cambios climáticos, y especialmente en aquellos “ húmedos y calurosos, la aparición de determinadas plagas y enfermedades es inevitable. Si bien es cierto que una vez que un frutal es atacado resulta difícil erradicar definitivamente esa peste, también es verdad que en un jardín sano, si se aplican medidas preventivas desde un comienzo, lograremos evitar el uso de agroquímicos y tal vez consigamos tener un ecosistema autosuntentable”.

Luego de esto, la responsable de escribir los espaciales “Huerta y canteros en flor” (Jardín) describe brevemente las plagas y los enemigos más frecuentes (como gusano minador, mosca de los frutos, pulgones, cochinillas, ácaros, hormigas, moscas, etc.), así como las enfermedades más comunes (Phytophtora, Fumagina, Cancrosis de los cítricos, Gomosis, Mal de la munición, etc.). También se alerta sobre otros problemas como la clavel del aire, una planta epífita que se desarrolla sobre otras leñosas produciendo daños, o la salvaje acción -y sin ninguna maldad- de los traviesos pájaros.

Otro libro muy detallado que no solo desarrolla el mundo de los frutales y sus más sabrosos usos culinarios, sino que continúa ratificando la docencia que esta verdadera experta ejerce tan bien.

“Pocas cosas se asemejan a la satisfacción de llenar una canasta con los frutos de nuestro árbol, y si hablamos del sabor de la fruta madura en la planta, este es incomparable”, confiesa Billoch. Y reflexionando unos segundos no cabe más que saber que lo que dice es una simple y delicada verdad.

 

 

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