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Deportes: Ricardo Bochini presenta su autobiografía futbolera "Yo, el Bocha"


Por Damián Cotarelo

 

Un pequeñísimo grupo de futbolistas argentinos son los que, a lo largo de la historia, y muy lejos de los títulos y estrellas que supieron conseguir gracias a sus habilidades, han sabido ganarse algo mucho más importante: el aplauso unánime de todo un ambiente. Que es separado del absolutismo tan solo por tratarse de un deporte en el cual las pasiones, a veces, nublan la razón, la objetividad y la verdad.

Diego Maradona, Alfredo Distéfano, Ángel Labruna, Amadeo Carrizo, Norberto Alonso, y más acá en el tiempo, Leonel Messi, son algunos de los pocos privilegiados que poseen ese galardón celestial que no se abraza, no se observa, ni se oye. O todo eso junto. Y dentro de esta minúscula lista también se encuentra Ricardo Bochini, (click foto 2), dueño de una derecha indeleble, que acaba de lanzar sus memorias simplemente tituladas “Yo, el Bocha”.

A través de ellas, el eterno enganche y máximo ídolo de la historia de Independiente repasa, en primera persona, gran parte de sus días corriendo detrás de la pelota que lo vio reír de alegría y, alguna vez también, llorar por alguna frustración.

Desde un doble prólogo en donde no ahorran en elogios merecidos, su gran compañero y amigo, Daniel Bertoni, y Maradona, el mejor jugador de la historia, describen sus sensaciones con respecto al deportista de 62 años. Mientras que el astro nacido en Villa Fiorito asegura: “Bochini fue la joya más grande que yo vi en una cancha. La más grande. Aunque después hayan venido otros, pero para mí fue muy especial porque todo el mundo sabe que fue mi ídolo de pibe”; para su compadre futbolístico tuvo “la suerte de haber formado un dúo con él que quedó en la historia del club”. “Tirábamos paredes lindísimas, hacíamos cualquier cosa con la pelota”, recuerda acerca de su socio creativo, a quien conoció cuando ambos fueron citados al seleccionado Juvenil, en 1972.

Editado por Planeta y realizado en compañía del experimentado y reconocido periodista Jorge Barraza (click foto 3), el recorrido por su vida parece gambetear rápidamente su nacimiento en Zárate, Provincia de Buenos Aires, y sus primeros años de vida junto a su familia, para luego sí explayarse detalladamente en su llegada al mundo del fútbol.

Y lo hace remontándose a sus primeras incursiones en los clubes barriales Estrada, Estrella del Norte y El Porteñito; para luego contar una juventud que no lo vio tener suerte en sus dos primeras pruebas. A la primera de ellas, en San Lorenzo, y luego de un grandísimo esfuerzo, equivocó una puerta y esperó por horas a un entrenador; mientras que a la segunda, en Boca, confiesa sincero: “Ni la toqué, o la toqué una vez, pero no porque jugué mal, no jugué ni bien ni mal, se dio así, no me vino juego”.

Pero la tercera fue la vencida. Y fue en Independiente. Club que lo trajo desde Belgrano de Zárate y lo albergó en su séptima división, sin pensar que le estaría abriendo las puertas a un símbolo y al más ganador con cuatro torneos locales (Nacional ´77, Nacional 78, Metropolitano 83 y Primera División ´88-´89), cuatro Copas Libertadores (´73, 74, 75 y ´84), tres Copas Interamericana (´73, 74 y 75) y dos Copas Intercontinentales (´73 y ´84).

El recorrido por su autobiografía resulta agradable y emocionante, como un partido bien jugado, e incluye desde los recuerdos que involucran a estos logros, su relación con distintos personajes del ambiente y su visión del juego, hasta la evocación de goles históricos, como el que le hizo a Talleres de Córdoba, con tres jugadores menos y con el que se obtuvo el título del Nacional ´77. O aquel que un año antes, el 26 de mayo de 1976, por la semifinal de la Libertadores, le hizo a Peñarol y -según los que lo vieron- es comparable con el grito de Diego a los ingleses, en México. Para el protagonista fue el mejor que convirtió en su vida, y luego de lamentarse diciendo que “es un crimen que no esté el video” (al día de hoy solo existe un fragmento del final de la jugada), así lo recuerda en su flamante volumen: “Era un partido muy difícil, duro, de mucha marca y al final terminamos 1 a 0 (…) Creo que (Daniel) Astegiano me dio la pelota justo en la mitad de la cancha, me salió uno y lo eludí, agarré velocidad y en un instante pensé: `Hasta el área no paro´. Me salió otro, también lo esquivé, y luego la jugada me fue llevando, al final gambeteé a siete o a ocho, porque a uno lo eludí dos veces, creo que era el Pelado Acosta, el que después fue técnico de Chile. Por último, pasé entre dos que se me tiraron con todo pero no llegaron a tocar, y cuando el arquero Corbo me quiso tapar, se la toqué rápido, bajo y cruzado al segundo palo. Me corrí toda la cancha”.

Dos capítulos aparte son dedicados a todo su paso por la Selección Nacional, con el lógico destaque de la Copa Mundial de Fútbol lograda en 1986; y el retiro y todo lo que sobrevino después, donde relata sus agridulces etapas como técnico (formó sendas dupla con Carlos Fren y Néstor Clausen). Además, rodeados de muy sabrosas anécdotas vividas a lo largo de su carrera, cada sección finaliza con una serie de textos, en donde se evalúa lo que significó Bochini para el fútbol y se destacan las virtudes. Dentro de la lista de variados firmantes figuran Jorge Valdano, el escritor Eduardo Sacheri, Osvaldo Brollo (delegado de Belgrano de Zárate que lo llevó a probar a Independiente) o Hugo Moyano (actual Presidente del club de Avellaneda), entre otros.

A pesar de que la obra se presenta como claramente textual, el responsable de ostentar el récord de más presencias en un mismo club (634) dentro del fútbol argentino, introduce un colorido dossier con fotografías que recorren puntuales recuerdos familiares, sus inicios y grandes equipos que integró, así como también encuentros dentro y fuera de la cancha con otros colegas como Maradona, Pelé, Sergio Agüero, Norbeto Alonso, Ricardo Pavoni, Claudio Marangoni y Omar Pastoriza.

También se exhiben un puñado de objetos de memorabilia, distintos momentos en la selección nacional, y algunas tapas de lanzamientos editoriales que lo tuvieron como absoluto protagonista, incluyendo “Independiente, el campeón”, el singular libro que salió con su firma original. “Lo hicieron León Goldstein y El Gráfico para los 90 años del club. Me dieron un dinero y firmé 8.000 ejemplares. Tuve que ir como cinco veces a firmar porque se me acalambraba la mano”, recuerda risueñamente.

 

Una obra que refleja parte de la vida de un extraordinario jugador que, con excepción de algunos hinchas de Racing (y apenas una cuestión meramente folclórica), logró el dificilísimo reconocimiento del futbol argentino todo. Más allá de que los diablos rojos intenten -con lógico derecho- adueñarse de la leyenda cantando, una vez más, aquella vieja canción con melodía de León Gieco: "Sólo le pido a Dios que Bochini juegue para siempre, siempre para Independiente, para toda la alegría de la gente…".

 

 

Seguí al deportista en: https://twitter.com/bochiniok

 

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