AutoSemanario


LECTURAS FIERRERAS: "Corea. Dos caras de una misma Nación", un libro donde dos argentinos ofrecen sus inquietas crónicas


Llegaron las vacaciones!!! Es tiempo de disfrutar del merecido descanso, y cargar las pilas para encarar con fuerza un año de muchas obligaciones. Pero para seguir acompañándote en tus momentos de ocio Autosemanario, además de las recomendaciones habituales para llevar en tu guantera, inaugura una nueva sección: LECTURAS FIERRERAS. En ella vas a encontrar los mejores fragmentos de los libros más importantes y lanzados recientemente.

 

Tan distintas y en el horizonte, ¿tan parecidas…?

 

Por Damián Cotarelo

 

“Corea. Dos caras de una misma Nación” es el título del libro escrito por un dúo de profesionales argentinos, y desde el cual comparten sus entretenidas crónicas y sus agudos pareceres recogidos en suelo asiático.

Esta experiencia llevada al papel fue protagonizada por el politólogo y periodista Daniel Wizenberg, y el cronista y fotógrafo Julián Varsavsky (click foto 2), quienes hace dos años transitaron los extremos de la península coreana -sin cruzarse- para contrastar y relatar en primera persona cómo es la vida en estas dos naciones, virtualmente en guerra desde 1948.

Conocidos causalmente vía chat en marzo de 2016, desde que Julián le elogiara a Daniel una crónica escrita desde Corea del Norte para la revista digital Anfibia, y le contara, además, una anécdota vivida en el extremo Sur, la pareja de escritores cayó en la cuenta de que “se ve que el capitalismo desenfrenado y el comunismo dinástico se parecen más de lo que uno imagina”. “¿Y si escribimos una crónica a cuatro manos?, propuso el primero, a lo que el segundo respondió entusiasmado: ¿Yo el norte y vos el sur?, y un “¡Trato hecho!”, selló definitivamente la idea.

En cuanto al texto en sí, se divide en tres partes: por un lado, el “comunista” Wizenberg (colaborador de medios como Le Monde Diplomatic, El Mundo [España], o RT [Rusia], entre otros) comienza narrando de qué manera en la tierra dirigida por el dictador Kim Jong-un se lleva adelante un insólito sistema cuasi monárquico basado en la sacralización del líder, instalando una sociedad disciplinaria que encaja con el modelo panóptico de control teorizado por el francés Michel Foucault (1926-1984). En tanto, en el segundo tramo de esta obra publicada en Argentina por Ediciones Continente (un año atrás fue lanzado en España por la europea Clave Intelectual), el “capitalista” Varsavsky (National Geographic, Lonely Planet, Página 12, entre otros), traza cómo en el país donde hace meses el liberal Moon Jae-in asumió como nuevo líder reina un autoritario tecnocapitalismo de inspiración confuciana que radicalizó la exigencia en el estudio y el trabajo, hasta generar niveles de estrés y explotación que tristemente lo llevaron a ocupar la cima en la estadística de suicidios del mundo desarrollado (según cifras proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud).

Ameno pero reflexivo, el conjunto de relatos incluidos van desde visitas a clínicas de recuperación para adictos a Internet, monasterios budistas, colegios con régimen de internación e incomunicación, una megaferia tecnológica y -en su contracara- la demostración de cómo crece una tendencia social hacia el autoencierro; hasta la increíble descripción de la muralla antidigital (construida por la “dinastía” Kim para que sea imposible el contacto con el exterior) y un hotel “cinco estrellas” -situado en Pyongyang-, donde los cortes de electricidad resultaron más que frecuentes.

Hacia el final del material, en un interesante apartado bautizado “Opuestos por el vértice”, los jóvenes y aventurados autores (ya ahora sí a dúo) le suman la mirada de Byung Chul Han, una nueva figura de la filosofía mundial, quien analiza la sociedad digital y la lógica del neoliberalismo, entre otras cuestiones.

 

Un muy buen ensayo social que, haciendo hincapié en las relaciones de poder que tienen lugar en cada una de las dos sociedades, refleja la vida cotidiana en estas dos tierras tan visiblemente “enfrentadas”. Aunque entre la del Norte, con su hermético régimen comunista, y la Sur, ejemplo acabado del tecnocapitalismo más avanzado, todo pueda resultar más semejante de lo que se piensa.

 

Aquí, en exclusiva, Autosemanario les ofrece un extracto del libro, donde Wizenberg narra el recorrido por un gran supermercado de Corea del Norte.

 

Cierta mirada occidental -acaso interesada- afirma que en Corea del Norte no hay supermercados: los que se muestran serían una escenografía con fines propagandísticos. En la película The Interview (2014), un famoso presentador americano es elegido por Kim III para que lo entreviste, lo invita a Corea del Norte, juegan al baloncesto y se hacen amigos. Pero todo comienza a trastabillar cuando el hombre sale a pasear y en un supermercado descubre que frutas y verduras son de plástico.

En la vida real existe en Pyongyang al menos un gran supermercado: tiene cuatro niveles en los que se consiguen todo tipo de frutos de mar, variedad de ropa de fabricación nacional, artículos de librería, televisores, lavarropas y se puede almorzar en su extenso y colmado patio de comidas.

Vamos a conocerlo y Jong dice que si cambiamos divisas, debemos gastar todos esos wons aquí: es delito salir del país con moneda nacional. Nos recuerda que está prohibido doblar los billetes por la mitad para no estrujar la cara de algún Gran Líder. Compro una botellita de una imitación de Coca-Cola versión Juche, con el mismo diseño que la original pero con gusto a jarabe para la tos.

-La gente está gastando todo el dinero del mes en sus compras- observo y digo.

Los guías no me prestan atención: la pareja de ingleses les acaba de contar el final de la película The Interview, en la que el presentador norteamericano mata al Gran Líder.

-¿Qué pasaría si nosotros hiciéramos un film en el que un norcoreano asesina a Obama?- grita Jong.

En el documental Propaganda Game, el director Álvaro Longoria le cuenta también a su guía el final de esa película. Y la respuesta que recibe es literalmente la misma que acaba de dar Jong indignado, como si hubiera un guión nacional estudiado para cada pregunta.

Como en la capital viven los niveles más altos de la casta songbun, las agencias de turismo hacen permanecer aquí a los extranjeros el 90 % del tiempo, evitando que vayan al interior del país donde habitan los que reciben menos comida y energía: son quienes trabajan duro en la intemperie del campo.

Ningún turista pudo hacer jamás un recorrido exhaustivo por la zona rural. Serviría para chequear algunos mitos pero el régimen prefiere que quede la duda. Solo se permite recorrer algunas zonas donde todos andan en bicicleta y tienen vivienda.

En el noreste del país se levanta el Monte Paekdu, emblemático de la península coreana. Rara vez se lo incluye en los circuitos de Corea del Norte porque hay que tomar un vuelo a Samjiyon y viajar una hora y media en coche entre las montañas. Cuando se podía hacer, dicen las crónicas, era muy caro. En esa región está también el aislado monte Chilbo: se rumorea que por allí funciona una central nuclear.

Nos alejamos de la capital por una autovía casi desierta hasta el monte Myohyang para visitar el Palacio de las Amistades: un edificio de 150 mil metros cuadrados con 150 salas donde están los 22 mil regalos que recibió Kim I desde 164 países del mundo, entre ellos un vagón blindado enviado por Stalin.

-Estoy seguro que Argentina envió algo: ¿no hay nada de Menem, por ejemplo?

-¿Menem? No, pero podemos poner aquí la camiseta que usted me dio de Messi.

La agencia de turismo nos había pedido llevar de regalo algo que no se consiguiera en la península como propina extra.

-Quédatela, aquí ya hay bastantes cosas.

 

 

 

Seguí a uno de los autores en: https://twitter.com/daniwizen

 

Las últimas novedades de Continente las encontrás en: http://www.edicontinente.com.ar

y si deseás hacerlo por Twitter andá a: https://twitter.com/Edicontinente

 



ene

blog comments powered by Disqus