AutoSemanario


Literatura deportiva: ¡Te acordás, hermano, que tiempos aquellos…!


Por Damián Cotarelo

 

En tiempos en que el fútbol se ha vuelto súper profesional, y esto puede comprobarse fácilmente con el desarrollo del actual Campeonato Mundial de Rusia, siempre es bueno “parar la pelota” y trazar una retrospectiva para conocer de qué forma el balompié nació y evolucionó en nuestros país, hasta llegar a provocar el fanatismo que desata hoy. Siguiendo este eje el historiador Julio Frydenberg (click foto 2) relanza su libro “Historia social del fútbol” (Siglo XXI), donde lo explora desde su llegada de la mano de la colonia inglesa en la Argentina, a mediados del siglo XIX, hasta la profesionalización alcanzada en 1931 tras huelga masiva.

Fruto de su tesis doctoral presentada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) -de donde hoy es docente-, y abarcando completamente la etapa del amateurismo, el trabajo intenta detectar la magnitud de los cambios introducidos en esta práctica “pasión de multitudes”, y en especial, en el desarrollo del espectáculo. “A comienzos del siglo XX el fútbol no formaba parte de la vida cotidiana de los sectores populares”, asegura tajante el catedrático, para luego aclarar que posteriormente -ya hacia fines de su etapa de estudio- sí se había transformado en un espectáculo masivo con estadios llenos y jugadores que ya no tomaban esto como un simple “pasatiempo”.

El ensayo también indaga sobre cuáles empezaron a ser los contenidos de la disciplina una vez incorporado al mundo privado, familiar y cotidiano, y sobre todo la transmisión diaria, de afinidades, hábitos, gustos y fidelidades trastocados en lo que el investigador denomina como “hinchismo”.

“Traído a nuestro país por los británicos y adoptado como moda por los jóvenes de los sectores populares durante las dos primeras décadas del siglo XX, el fútbol impregnó el conjunto de las instituciones de la sociedad civil y del estado. Ese interés se difundió a las fuerzas armadas (N. de R.: Se debió a la aparición del Servicio Militar Obligatorio, en 1904), las empresas, la iglesia y las asociaciones de trabajadores, como asimismo a algunos partidos políticos de izquierda”, se relata.

Aparecido originalmente vez en 2011, el remozado volumen que hoy retorna a las librerías se divide en tres grande partes y comienza por la que estudia la primera década y media del siglo XX, abarcando la llegada del deporte al territorio y sus pasos iniciales (cuando fue adoptado por grupos lejanos a los anglosajones que lo habían traído). En tanto, la segunda, que se ocupa de los cambios ocurridos en los años veinte, hurga en las relaciones entre la actividad -ya para esa época adoptada por los varones de los sectores populares- y el rápido desarrollo urbano, la propagación, y su estrecha conexión con la transformación de muchos de los barrios porteños. “En la década de 1920 el fútbol había dejado de ser una moda juvenil para pasar a integrar la vida de casi todas las instituciones sociales y las corporaciones, que organizaban sus propios torneos. Simultáneamente, el espectáculo, incipiente durante la década de bautismo y espasmódico en la concentración de grandes multitudes, fue enriqueciéndose y ampliándose. Pero también en ese momento la ciudad crecía y se desarrollaba. Paralelamente a la formación de los barrios fue estructurándose el gran espectáculo, como se consolidaría a la postre”, continúa contando Frydenberg desde uno de los capítulos de este documentado texto con mucho sabor a nostalgia.

Rastreando las formas y sus contenidos, las prácticas y los valores que popularizaron la práctica y el nacimiento del fenómeno como evento, por supuesto que el autor no esquiva los nombres propios y transita el derrotero de muchos de los clubes pioneros. Y puntualiza cuáles fueron los incipientes desafíos entre equipos rivales (algunos de ellos que dieron lugar al nacimiento de los “clásicos”), cuáles eran las prácticas de los dirigentes, cómo se organizaban los torneos, de que forma se relacionaba la vida cotidiana de los hinchas con el fervor de cada evento dominguero, cuál fue el rol de los medios en el surgimiento de la ceremonia deportiva, y qué formas adoptaba la incipiente violencia.

Hacia el final, se retratan los cambios producidos antes de la llegada del primer campeonato oficial (1931), en los imaginarios locales y nacionales, asociados a los estilos de juego y las creencias acerca del jugador típico.

 

Una documentada obra que reproduce de qué manera, con el correr de los años, esta simple diversión que comenzó ocupando una parte importantísima en las actividades del conjunto de las instituciones sociales, edificó las bases que hoy explican por qué cada una de estas reuniones paganas hayan adquirido -mantenido y aumentado- tanta preponderancia en el seno de nuestra sociedad moderna.

 

 

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