AutoSemanario


Lo que no se vio del Juicio a Las Juntas, por Pablo Llonto


Por Damián Cotarelo

 

A más de treinta años de una sentencia histórica una nueva mirada acerca del proceso a la Junta Militar, que asaltó el poder y decidió el destino del país entre 1976 y 1983, se presentó bajo el título “El juicio que no se vio”.

Escrito por el abogado y periodista Pablo Llonto (click foto 2) -que cubrió para Clarín las jornadas orales y públicas en 1985- el texto ofrece un testimonio sobre las durísimas audiencias que finalmente arrojaron una dura condena para algunos de los integrantes de aquel gobierno de facto.

La obra, editada por Peña Lillo Continente, se apoya fundamentalmente en muchísimos y escalofriantes testimonios de testigos como Jorge Watts (sobreviviente del centro clandestino Vesubio), Carlos Apezteguía (uno de los médicos torturado en el Hospital Posadas) o Marcos Weinstein (padre de Mauricio, él único israelí de origen argentino desaparecido); que -con sus relatos- contribuyeron a la histórica sentencia ocurrida durante los primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín.

Entre las declaraciones que contiene el material se destaca la de Adriana Calvo, una docente, investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata y militante en el gremio -que funcionaba en la semiclandestinidad-; que en 1977 fue secuestrada, embarazada de seis meses y medio. El libro reproduce la declaración completa (es en el único caso que lo hace) ante los camaristas Leopoldo Schiffrin, Julio Revoredo, Alberto Durán, Carlos Nogueira y Antonio Pacilio; donde contó sus diferentes estadías en el circuito represivo a cargo del COT (Comando de Operaciones Tácticas). Refiriéndose al Destacamento Policial de Arana (que ubicado en calle 137 esquina 640, La Plata, funcionaba en la Sección Cuatrerismo del lugar) relató desgarradoramente en un pasaje: “Se oía señor presidente, era un lugar muy chico éste y la sala de torturas estaba exactamente al lado de donde estaba apoyada yo en la pared y oía las preguntas que les hacían a los que interrogaban; en algunos casos oía las respuestas también, oía los golpes también, no puedo asegurar que les estuvieran dando golpes, pero después yo vi a la gente, la vi sin venda cuando salía de esos lugares y bueno, el submarino fue algo que me llamó mucho la atención porque yo escuchaba esos ruidos y no sabía de qué se trataba, yo escuchaba ruido de agua, de que algo era sumergido en el agua y escuchaba después los estertores de una persona como ahogándose, era algo espantoso realmente, eso era el submarino mojado, le metían la cabeza dentro de un barril con agua, un tacho con agua, eso me lo han contado los que sufrieron esas torturas, yo escuchaba los ruidos, el submarino seco también, diafragma, por ahí se escuchaba el ruido de alguien que se ahogaba, pero no se escuchaba el ruido del agua, después me enteré de que era una goma, una cosa así, que le ponían en la cara. Esa primera noche eso duró horas, horas, toda la noche”.

Para autor militante de los DD.HH “nunca se reconoció a los testigos” y señaló que: “El objetivo del libro es reconocerlos, reivindicarlos, homenajearlos y rescatarlos del anonimato. Son 833 y allí están todos sus nombres”.

Provocativamente el trabajo abarca otras aristas más conceptuales como la que, basándose en la sanción del decreto 157 que ordenó acciones legales contra integrantes de El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y Montoneros, afirma que la “teoría de los dos demonios” fue instalada por la administración radical; o la claudicación que llevo a que no se transmitiera por TV. También incluye una mirada crítica hacia los medios de prensa y su propia actuación. Con respecto a esto, el escritor nacido en San Martín, en 1960, hace su mea culpa y recuerda: “Tiene muchas historias que yo no pude contar en aquella época en que era periodista de Clarín. Y eso ocurrió porque yo acaté una maldita orden del que era mi jefe de Política, Joaquín Morales Solá, que a Claudio Andrada y a mí -ambos eran los que cubrían el juicio- que fue: sólo crónicas”, y completa: “Maldigo ese momento, porque los periodistas no estamos para la Obediencia debida”.

Llonto, representante hoy de familiares de desaparecidos en las causas penales que reanudaron su marcha desde 2003 (como Causas Ernestina de Noble, ESMA, Vesubio, vuelos de la Muerte, etc.), entrega un interesante texto con la génesis, el desarrollo y las condenas de ese juicio que, pese a la absolución de cuatro de los nueve genocidas por parte del Tribunal especialmente constituido, significó el abrazo definitivo de todo un pueblo con la democracia.

 

Un texto de lectura imprescindible. Duro, doloroso, pero que a través de sus más de sus cuatrocientas páginas confirma que recordar este pasado tan oscuro asegura no volver a vivir NUNCA MÁS aquellos días de horror.

 

 

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ene

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