AutoSemanario


Los Montoneros leales, retratados en un nuevo libro


Por Damián Cotarelo

 

Un nuevo libro sobre el movimiento Montonero, la organización de izquierda peronista que desarrolló la lucha armada entre 1970 y 1979, se lanzó recientemente.

Presentado en el  Instituto Juan Perón y titulado “La lealtad. Los Montoneros que se quedaron con Perón”, el libro escrito por el ex diputado provincial neuquino, Aldo Duzdevich, Norberto Raffoul y Rodolfo Beltramini retrata la Resistencia Peronista, la aparición de las organizaciones armadas, el gobierno de Héctor Cámpora y los debates que dieron lugar a fracturas y desplazamientos al interior del peronismo.

Según sostuvo Duzdevich (click foto 2), uno de sus creadores: “Nosotros tenemos 50 testimonios en el libro de toda gente que participó de la Resistencia desde el año ´55 en el proceso de lucha armada”, y completa contando: “El texto de corte histórico abarca el periodo que va desde 1955 hasta 1974 (cuando se produce la muerte del líder), y muestra como un grupo de Montoneros y otras organizaciones satélites como Juventud Peronista (JP) o Juventud Universitaria Peronista, (JUP) a partir del 25 de mayo del ´73 -día en que asume Héctor J. Cámpora- plantearon la necesidad de abandonar las armas y aceptar la conducción de Perón”.

Aunque el texto no se dedica puntualmente al tema, sí confirma la muy cuestionada participación de Néstor y Cristina Kirchner dentro de los grupos que en las distintas localidades, a partir de 1 de febrero de 1974, produjeron la fractura. Los ubica en la ciudad de La Plata y certifican lo publicado a través de los dichos el platense Carlos A. Negri, abogado, diputado provincial por la sección capital de la Provincia de Buenos Aires entre 1973 y 1976 y militante justicialista en sitios como la FURN (Federación Universitaria de la Revolución Nacional), la Universidad Nacional de La Plata y la Agrupación Teniente Coronel Cogorno.

Editado por Sudamericana, el trabajo dividido en siete capítulos le da un destacado lugar en el gran impacto que significó la muerte del Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci, y comprendiendo aquel hecho como un claro desafío de parte de Montoneros al tres veces presidente de la Nación.

Ilustran la obra algunas reproducciones de diarios de la época (por ejemplo, del asesinato del padre Carlos Mugica) y fotografías como la de Amanda Peralta primer mujer guerrillera detenida junto al grupo de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), la organización creada en 1968 bajo el liderazgo de Envar El Kadri y que produjo una fracasada acción armada realizada en Taco Ralo, Tucumán, que el libro relata detalladamente.

Un libro que suma al entendimiento de una etapa conflictiva, en las que hubo peleas, odios y sangre, y que antecede la llegada de la dictadura militar, una de las etapa más negras de la historia argentina.

Aquí, Autosemanario les ofrece un extracto del libro, en este caso vinculado a los primeros contactos entre el líder y la organización.

Primeros vínculos entre Perón y Montoneros

 

En febrero de 1971, Rodolfo Galimberti, quien fungía como dirigente de la Juventud Argentina para la Emancipación Nacional (JAEN) y todavía no estaba encuadrado en Montoneros, viajó a España a intentar entrevistarse con Perón. De manos de Carlos A. “Pingulis” Hobert, recibió una carta de Montoneros para el General que -como hemos dicho- es del 9 de febrero de 1971, y que es la primera y –creemos– única comunicación por escrito que hubo entre la organización y el líder. Perón, que hasta ese momento no tenía ningún contacto con Montoneros, recibió la misiva y se tomó una semana para escribir su respuesta, que no se hizo pública. Pero, además, en el lenguaje de los gestos, típico de la conducción de Perón, le entregó a Galimberti una cinta grabada con su propia voz para que la difundiera entre las agrupaciones como “Mensaje a los compañeros  de la juventud”.

Pero ¿cuáles eran las posiciones de Montoneros y cuáles las de Perón?

La carta de Montoneros toca cinco temas: 1) la ejecución de Pedro Eugenio Aramburu; 2) la ejecución de José Alonso; 3) el papel del Ejército; 4) la salida electoral, y 5) la estrategia de la guerra popular.94 Cierran pidiéndole a Perón “su opinión acerca de estas consideraciones”.

Dudamos qué habrá pensado el General sobre el estilo político con que se dirigían a él. Considerando que, durante 17 años, los distintos dirigentes peronistas habían viajado a Madrid para recibir “instrucciones” y “directivas del General”, la conducción de Montoneros solo solicitaba “su opinión”. Éstos son algunos párrafos de las “consideraciones de Montoneros” y la respuesta de Perón:

En primer lugar creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a Pedro Eugenio Aramburu.

La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema […] Por eso es que, cuando ellos se preparan a fingir un cambio en el sistema […], nosotros, como en el ajedrez, les comemos la pieza clave para arruinarles la maniobra.

Y a continuación le consultan si este hecho le estropeó algún plan.

Perón comienza: “He conversado largamente con este compañero (refiriéndose a Galimberti) sobre todas nuestras cosas y él les podrá comentar de viva voz mis pensamientos al respecto”, dejando así en claro que, además de la versión escrita, existió una respuesta verbal más amplia.

Y continúa con Aramburu: “Estoy completamente de acuerdo y encomio todo lo actuado”, y, en cuanto al punto 2 –la ejecución de José Alonso–, dice que “es totalmente falso que haya perturbado plan táctico alguno”. En el punto 3, Montoneros hace mención al tema militar: “Sobre el papel y las posibilidades del Ejército […] se ha creado, aparentemente, como opción, una revolución a la peruana, es decir, un golpe militar, nacional y populista. Pero creemos que eso es imposible…”. Perón responde que coincide en términos generales, “sin embargo, no por eso debemos descartar […] una intervención de sectores que puedan sernos afectos”.95

Después Montoneros llega al punto de la salida electoral, “perspectiva alimentada por el triunfo de Salvador Allende en Chile”. Aquí siguen “bajando línea”: “Lo incorrecto es creer que las elecciones sean el camino apto para el retorno del Justicialismo al poder”. Perón responde que tampoco cree que los militares estén dispuestos a dar elecciones sin proscripciones. “Sin embargo, como en la lucha integral en que debemos empeñarnos, no se puede despreciar la oportunidad de forzar también este factor”, o sea, la salida electoral.

Luego el General vuelve sobre el abecé de su conducción:

Por eso nuestro movimiento tiene una estructura orgánica que corresponde de una manera general a esas necesidades: una organización de superficie que, a través del partido peronista masculino y femenino, y de la rama sindical, realiza la lucha también de superficie mediante las acciones que es posible realizar.

Como les explicará el compañero, mientras las organizaciones de superficie obedecen a una conducción centralizada, las organizaciones que se encargan de la “guerra revolucionaria” tienen absoluta independencia en su conducción y coordinada nada más que por los objetivos.

Les da autonomía de decisiones pero intenta persuadirlos: “Es natural que todo puede salir mejor si existe por lo menos una coordinación en beneficio de una unidad de acción que toda lucha necesita”.

Mensaje a los compañeros de la juventud

Perón, desde su primer gobierno, utilizó los medios de comunicación masiva, como la radio, el cine y luego la TV. En los años 70, la militancia usaba los grabadores de cinta abierta Geloso para difundir la voz del líder proscrito, llegando a las casas de los barrios más humildes. Además de la carta antes mencionada, Perón le entrega a Galimber ti una cinta grabada con su mensaje a “Los compañeros de la juventud”. Se dirige a los jóvenes en un sentido mucho más amplio que la respuesta a Montoneros:

“Desde hace veinticinco años […] he tratado de dar a la juventud argentina lo que yo considero es esa verdad a través de una ideología que fija los rumbos permanentes y de una doctrina que establece las formas de ejecución de esa ideología”.

Y rescata la progresiva peronización de los sectores juveniles:

Desde 1945 hasta 1955 esa juventud, equivocada por sus dirigentes, tomó una posición adversa a lo que representaba el Justicialismo. Pero ha bastado lo ocurrido entre 1955 y 1970 para que los muchachos abrieran los ojos y percibieran la consecuencia de la famosa “Revolución Libertadora”, que ha reducido el país a una colonia vergonzante del neocolonialismo imperialista yanqui.

Advierte sobre la etapa del cambio generacional, aunque no consiste en “tirar todos los días un viejo por la ventana”. “Tenemos una juventud maravillosa, que todos los días está dando muestras de su capacidad y grandeza. […] Yo tengo una fe absoluta en nuestros muchachos, que han aprendido a morir por sus ideales”.

Continúa:

No sabemos hasta dónde nos llevará la violencia de la dictadura militar. Por eso debemos prepararnos y actuar frente a todo evento. El Movimiento Peronista ha de estar organizado […] para la lucha orgánica de superficie […] y para las formas cruentas que suelen ser impuestas por las dictaduras […] Las Formaciones Especiales encargadas de lo último han de tener características especiales y originales […] Ellas actúan dentro de nuestro dispositivo […] la solidaridad entre los que luchan es indispensable y de ello fluye la necesidad de una armonía de conjunto […] que cada uno haga su trabajo a la par que comprenda y aprecie el de los demás…

Queda claro que Perón no descarta la lucha violenta, siempre “dentro del dispositivo” del Movimiento, y define explícitamente a las “Formaciones Especiales”. Esta concepción colisiona con la idea de “Vanguardia Revolucionaria” que tiempo después hará suya la conducción de Montoneros.

 

Las novedades de este sello las encontrás en: http://www.megustaleer.com.ar/editoriales/sudamericana/056

o si preferís hacerlo por Facebook andá a: https://www.facebook.com/SudamericanaRHM

 

 



ago

blog comments powered by Disqus