AutoSemanario


¡Ponte el cinturón!


Sistemas de frenado automático, avisadores de salida involuntaria de carril, control de crucero adaptativo … En las últimas décadas las principales marcas automotrices han desarrollado un gran número de avanzados sistemas de seguridad para proteger no sólo a los ocupantes de sus vehículos sino a todas las personas que interactúan con ellos, incluidos los peatones. La tecnología ha invadido los sistemas de seguridad de la industria automotriz moderna, y gracias a todos esos complejos mecanismos conseguimos salvar muchas vidas.

La tecnología es asombrosa, pero no lo es todo. De hecho, toda la sofisticada tecnología de seguridad activa y pasiva que existe hoy en día parte de un supuesto clave: los ocupantes del automóvil llevan el cinturón de seguridad abrochado. En este artículo, pues, queremos rendir homenaje a este clásico sistema de seguridad que sigue considerándose el más efectivo de la historia. ¿Cómo se creó? ¿Cómo se implementó su uso? ¿Cómo se convirtió en un gesto automático de nuestro día a día?

Salvados por un gesto

Hoy en día, ponerse el cinturón al subir a un automóvil es prácticamente un gesto automático. Pero esto no fue siempre así. Hubo un tiempo en el que los vehículos no venían de fábrica con cinturón de seguridad. por ejemplo, la ley que obligaba a usar el cinturón en España no llegó hasta el año 1975, y no fue hasta 1992 que el uso obligatorio se extendió a los ocupantes de las plazas traseras.

Este gesto, tan familiar actualmente que es casi inconsciente, es el resultado de muchos años de campañas de concienciación y de esfuerzo de los fabricantes por convertir este básico sistema de seguridad en un hábito cómodo e indiscutible.

Un invento sencillo y genial

Los primeros cinturones de seguridad de la historia se instalaron en los coches de caballos de Nueva York allá por el año 1885, para evitar que los pasajeros se cayeran con los baches del camino. Con el mismo propósito de mantener el cuerpo en el asiento se aplicaron mecanismos similares en el mundo de la naciente aviación: en 1911, el general norteamericano Benjamin Foulois equipó un avión diseñado por los hermanos Wright con un rudimentario cinturón de seguridad.

Pero estos cinturones de seguridad primigenios tenían una característica principal que los diferenciaba de los modernos: estaban diseñados en base a dos puntos de sujeción, por lo que la cinta únicamente ataba las caderas al asiento. La gran revolución del cinturón llegó en 1958, cuando se inventó el mecanismo que hoy nos resulta tan familiar, con tres puntos de sujeción.

Una necesidad apremiante

Por supuesto, todo comenzó en Estados Unidos. En la primera mitad del siglo XX, a medida que el parque móvil americano aumentaba, empezaron a crecer también los accidentes de tráfico. En vistas de la situación, muchos médicos, que como colectivo privilegiado se habían sumado tempranamente a la moda de los vehículos a motor, llamaron a la acción frente al alarmante aumento de las lesiones craneo-encefálicas.

En el año 1955, el Journal of the American Medical Association publicó un artículo que incluía una lista de medidas a implementar para mejorar la seguridad de los vehículos, entre las que estaba la obligación de equipar los coches con cinturón de seguridad de serie.

Muchos fabricantes se hicieron los remolones. En aquella época, equipar un vehículo con sistemas de seguridad equivalía a poner freno a las ventas, ya que la percepción general era que si un coche contaba con medidas especiales de protección era porque era inseguro.

Como de costumbre, sin embargo, hubo fabricantes que supieron avanzarse a sus tiempos y dar un paso al frente. En este caso uno de los primeros fue el empresario y diseñador de automóviles Preston Tucker, que en 1948 ya ofrecía la posibilidad de equipar su célebre modelo Torpedo con cinturón de seguridad de dos puntos de fábrica. Aunque Tucker Cars desapareció poco tiempo después, preparó el camino para el resto de la industria.

Un invento aeronáutico para el día a día

Fue el ingeniero aeronáutico sueco Nils Bohlin quien acabó de finalizar el sistema de cinturón de seguridad moderno. El cinturón diseñado por Bohlin no fue el primero, pero fue el mejor.

En 1951, Roger W. Griswold y Hugh DeHaven ya habían patentado el llamado “CIR-Griswold”, con tres puntos de anclaje y cintas que sujetaban tanto la cintura como el pecho. El sistema era eficiente, pero tenía un problema grave: requería demasiado esfuerzo para los conductores, a menudo poco conscientes de los peligros de la carretera.

Bohlin trabajó este aspecto y, en 1959, patentó un cinturón de seguridad de tres puntos autoenrollable y con anclaje central, que los conductores podían abrochar con un simple movimiento. Con esta combinación de eficiencia y comodidad, Bohlin dio en el clavo. Poco después, esta patente fue liberada para que pudiera ser libremente utilizada por cualquier fabricante. Había cambiado para siempre la historia de la automoción.

Desde entonces, el cinturón de seguridad ha seguido evolucionando, y mantiene una papel central en la seguridad de los vehículos. Así que, recuerda, por mucha tecnología de seguridad que ofrezca tu coche… ¡ponte el cinturón siempre!



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